Toda una década sin Tomba

Hace ya casi quince años, en octubre de 1998, el multicampeón olímpico y mundial Alberto Tomba anunció su retiro definitivo de las pistas; definitivo porque “La Bomba” venía amenazando con colgar los esquíes desde hacía por lo menos un par de temporadas, aunque para deleite de sus muchos seguidores retrasó su despedida hasta que se hizo inevitable.
Es difícil contar en pocas palabras todo lo que este corredor italiano significó para el ski alpino de competición después de 11 años en el circuito blanco. A priori, lo que provocó fue un cambio dramático en la exposición que tenía la Copa del Mundo: por su carisma y sobre todo por la espectacularidad de su esquiada fue resposable de que mucha gente que hasta entonces no seguía el deporte se enganchara.
Pero lo realmente llamativo de esta mega estrella del deporte son dos datos clave: el primero es que fue el primer esquiador de alto nivel que no surgió de un típico entorno de montaña sino de una gran ciudad –Bolonia-; y el segundo es que consiguió una fama inédita participando sólo en las disciplinas más técnicas: slalom y slalom gigante.
Aún dando esta ventaja, en un contexto en el que los corredores empezaban a volverse cada vez más polivalentes –participando también en las pruebas de velocidad, super gigante y descenso-, Tomba consiguió ganar nada menos que tres medallas de oro y dos de plata en JJOO de Invierno y dos de oro y dos de bronce en Campeonatos del Mundo, además del Globo de Cristal –trofeo al ganador absoluto de la Copa del Mundo- en 1995. Y todo corriendo sólo en los slaloms…
Convertido en una verdadera celebridad en base a su voluntad y temperamento, una vez en la cima estas características también le reservaron más de un mal momento y, como a toda estrella, le generó no pocos detractores. Algunas de sus anécdotas antológicas incluyen el haberle tirado un trofeo desde el podio a un fotógrafo que lo acosaba, y convocar a un boicot para que no se corriera la primera manga de una prueba “a las nueve de la madrugada”.
En Italia, por supuesto, los tifossi elevaron a Tomba a la categoría de Santo y, en la etapa más álgida de su carrera deportiva, la transmisión de una carrera en la que participaba “Albertone” llegaba a generar más rating que la actuación de la Azzurra en fútbol.
Como todos los grandes atletas, el italiano pulverizó records y protagonizó hechos inéditos, como haber vencido en al menos una prueba en cada una de las once temporadas que corrió en el circuito blanco y de subirse por primera y última vez a lo más alto del podio, nada menos que el Nº 50, en el mismo escenario: el legendario centro suizo de Crans Montana.
El ski alpino no podrá agradecerle jamás todo lo que el gran Alberto Tomba hizo por él, ya que le dejó al circuito blanco un legado que todos sus colegas siempre reconocieron: haber llevado el deporte al plano del super profesionalismo.
Es que el anuncio de la participación de Tomba en los eventos empezaron poco a poco a producir hechos hasta entonces inimaginables, como la televisación en vivo de las pruebas y que los sponsors quisieran poner su marca hasta en las protecciones de los bastones de slalom.
Alberto Tomba logró, en la “era moderna”, algo que sólo había estado reservado a los grandes monstruos del ski alpino como Ingemar Stenmark y Marc Girardelli: convertirse en leyenda cuando aún estaba en actividad. Y el circuito blanco siempre lo recordará como una de sus más grandes mitos.
(Publicada originalmente en octubre de 2008)

Comentarios

  1. Anónimo12:03 p.m.

    que buen recuerdo el de la Bomba!

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  2. Anónimo1:49 p.m.

    Bien por la nota de Tomba. En algún punto, su trascendencia es comparable con la de Diego Maradona. Ídolos inigualables que supieron emocionar a los amantes del deporte.
    Pondero tu iniciativa del blog de montaña.
    Diego Piccolo

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